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Han pasado 15 años desde que El club de la lucha vio la luz. A estas alturas de la vida, todo el mundo tendrá su opinión sobre la película.

Están aquellos que piensan que es un panfleto de violencia y sinsentido, a quienes un análisis de las relaciones que pueda tener con la filosofía de Nietzsche les parecerá un disparate.

También están aquellos a los que les gustó y quieren ahondar un poco más sobre los temas de la película. Sea cual sea tu opinión, sigue leyendo e intentaré demostrarte que El club de la lucha está muy lejos de ser filosofía para paletos.

No voy a centrarme demasiado en valoraciones personales aquí, ya que para eso ya tienes multitud de blogs o páginas como iMDB o FilmAffinity (pero, ¡sorpresa!, a mí la película me gustó).

Lo que intentaré en esta entrada es ofrecer una explicación de El club de la lucha desde un punto de vista filosófico, en concreto, utilizando el libro Así habló Zaratustra de Nietzsche como guía para analizar la película.

Sobra decir que habrá spoilers a mansalva, así que si no has visto la película deja de leer (y ve a verla).

 

El Club de la Lucha y Nietzsche

En Así habló Zaratustra, Nietzsche menciona 3 transformaciones por las que pasa el espíritu de una persona antes de lograr conquistar su propia libertad. Aquí puedes leer el extracto al que me refiero, si tienes más curiosidad.

Pero bueno, no te entretengo más y vamos a lo importante.

 

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1ª Transformación: el Camello

Hay muchas cosas pesadas para el espíritu, para el espíritu fuerte, paciente, en el que habita la veneración: su fortaleza demanda cosas pesadas, e incluso las más pesadas de todas.

El camello es el primer estado del espíritu del hombre. Representa a un hombre que lleva una carga de forma voluntaria, como un camello, ya que cree que es una forma de demostrar su fortaleza.

Nietzsche habla de ese tipo de hombre que no respeta su propia voluntad. Para el camello, la realización personal proviene de suprimir sus deseos y hacer aquello que él considera que debe hacer.

Es la batalla entre el “tú debes” y el “yo quiero”, y de momento se impone el primero.

“Tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos”. Tyler Durden se explica muy bien. Hacemos cosas que no queremos hacer.

Todo esto guarda cierta lógica. No es fácil hacer aquello que no quieres hacer de forma continuada, así que tiene sentido que quienes lo consiguen se den a sí mismos una palmadita en la espalda y piensen que eso les hace mejores personas.

Pero, ¿quién es esa voz que nos dice lo que tenemos que hacer? Para Nietzsche, son los valores occidentales los que conforman ese “tú debes” que ensombrece nuestra voluntad.

Son estos valores los que nos empujan hacia unas vidas seguras pero aburridas. Hacia aquello que debemos hacer. ¿Recuerdas el monólogo inicial de Trainspotting? Pues algo similar. Dejo también la versión en inglés del mismo vídeo, por si prefieres la VO.

El protagonista de El club de la lucha ha conseguido esto. Ha hecho lo que se supone que alguien debería hacer con su vida. Fue a la universidad. Consiguió un buen trabajo. Un piso. Muebles de Ikea. Y después de conseguirlo todo, descubre que su vida es una puta mierda.

Edward Norton cagando

El Camello

 

Aquí va un spoiler: la vida no tiene sentido, salvo el que tú quieras darle.

El narrador se da cuenta de esto. Su voluntad de darle un sentido a la vida, más allá del soporífero día a día de alguien normal, se manifiesta a través de Tyler Durden, y es así como nace uno de los más famosos alter ego de la historia del cine.

Con todas estas cosas, las más pesadas de todas, carga el espíritu paciente: semejante al camello que corre al desierto con su carga, así corre él a su desierto.

 

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2ª Transformación: el León

Pero en lo más solitario del desierto tiene lugar la segunda transformación: en león se transforma aquí el espíritu, quiere conquistar su libertad como se conquista una presa, y ser señor en su propio desierto.

En Así habló Zaratustra de Nietzsche, el león, encarnando el “yo quiero”, pelea contra el gran dragón, la encarnación del “tú debes”. Al acabar con este dragón, el león destruye los valores que aplastan su voluntad. (¿Qué mejor forma de explicar la evolución del espíritu del hombre que con una batalla a muerte entre un león y un dragón?).

Volviendo a El club de la lucha, no creo que a estas alturas haya que explicar demasiado quién puede estar representando al león.

Tyler Durden en El Club de la Lucha como el león de Nietzsche

El León

Tyler Durden es el alter ego destructivo del narrador; el encargado de acabar con la carga que le impedía vivir plenamente. Todo comienza con la explosión del apartamento del protagonista, y a partir de ahí todo va cuesta abajo, hasta que el narrador se libera de todo lo material y consigue tocar fondo, como Tyler pretende.

Si vemos la película teniendo presente que el narrador y Tyler son la misma persona, la transformación queda mucho más clara. Tyler hace lo que quiere y se encarga de ir destruyendo poco a poco las supuestas responsabilidades del narrador.

La premisa de Tyler (y de Nietzsche) es que si nos libramos de lo superfluo, de las cosas que otros (sociedad, familia, etc.) nos han impuesto, entonces podemos encontrarnos a nosotros mismos y ser completamente libres. Tenemos que saber, no temer, que algún día vamos a morir: Memento Mori.

Es aquí donde El club de la lucha se vuelve extremadamente nihilista. Tras quitarnos todos esos adornos descubrimos que no somos un copo de nieve único. Somos igual de irrelevantes en el universo que los demás: una mota de polvo. No hay nada mejor para ilustrarlo que la famosa cita de Tyler:

No sois vuestro trabajo, no sois vuestra cuenta corriente, no sois el coche que tenéis, no sois el contenido de vuestra cartera, no sois vuestros pantalones, sois la mierda cantante y danzante del mundo.

Entonces, ¿qué somos? El Nihilismo se vuelve más complejo al hacernos esta pregunta, y la respuesta es el motivo de que muchos lo tachen de depresivo.

¿Qué nos queda si ni nuestra vida ni nuestra muerte tienen importancia?

  • Nada. Esta es una de las respuestas a esta pregunta. Es la que se asocia al Nihilismo pesimista como puede ser el de Schopenhauer. No tiene sentido darle importancia a la vida porque vamos a morir.
  • Todo. Esta es la otra respuesta. La de Nietzsche, la del Nihilismo optimista y la que nos interesa (porque la otra no lleva a ningún lado). La mortalidad es lo que hace que la vida tenga sentido, y no al revés.

Tras la destrucción de valores llevada a cabo por el león, nos enfrentamos a un vacío moral. El león es incapaz de llenar este vacío, ya que su naturaleza es destructiva, por eso hace falta una última transformación.

Pero decidme, hermanos míos, ¿qué es capaz de hacer el niño que ni siquiera el león ha podido hacerlo? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño?

 

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3ª Transformación: el Niño

Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí.

Si estamos delante de un folio en blanco, podemos elegir no ver nada o podemos pensar qué vamos a pintar. El león no ve nada, solo destruye; es el niño quien tiene el poder de crear lo que desee.

El narrador y Marla ven cómo los edificios se derrumban

El Niño

La escena final de El club de la lucha es la perfecta representación de todo este proceso de cambio. Los edificios se derrumban al igual que lo hacen los valores que representan y el narrador deja atrás la figura de Tyler porque ya no es necesaria.

Después de toda esta destrucción tan literal como metafórica, lo único que queda es construir algo nuevo. Ya lo decía Tyler: “solo la autodestrucción conlleva evolución”, y gracias a esta autodestrucción el narrador se da cuenta de qué es lo que quiere: a Marla.

Sí, así de ñoño me voy a poner, pero lo puedes ver en la película. Tyler quiere destruirla (y sus sentimientos hacia ella), lo que hace que el narrador se rebele contra toda la violencia desbocada que encarna Tyler, listo para intentar construir una relación con Marla.

El narrador es ahora el dueño y creador de su propia realidad, lo cual queda bastante claro en el desenlace de su pelea contra Tyler, cuando la pistola cambia de mano.

Una vez termina la etapa del león, comienza la del niño, la de disfrutar de la vida con la libertad que ha logrado. Al hablar del niño, Nietzsche no se refiere a sus rasgos infantiles, sino a su capacidad de creación, imaginación y de, en definitiva, disfrutar del mundo como estuviese hecho para él, como si todo fuese nuevo.

Obviamente, la película no nos muestra al narrador y a Marla teniendo hijos y casándose. O yéndose de viaje por el mundo. O divorciándose. O cualquier cosa que quieran hacer. La película no va de eso.

El club de la lucha enfatiza el proceso de luchar por la propia libertad, esa es la verdadera lucha de la película. No nos hace falta una explicación de lo que suceda después, ya que puede ser cualquier cosa.

Lo importante del mensaje son las infinitas posibilidades que se abren ante ti una vez tomas control de tu vida. Posibilidades que, para un camello, parecen imposibles, ya que es incapaz de ver más allá de la carga que le atormenta; en cambio, para un niño, es algo tan natural como divertido.

El espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo.

 

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Así habló Tyler Durden

Entre las cosas que me he dejado en el tintero está la gran crítica al capitalismo, que también tiene bastante que ver con toda esa ruptura de valores de la que hablaba. Básicamente, los valores que suponen una carga son los valores occidentales, que hoy en día vienen a ser religión y consumismo.

De la religión también hay bastante chicha, sobre todo por la parte de Nietzsche. Además, Tyler toma (sutilmente) muchos valores orientales propios del Budismo, como la supresión del ego. Esto remite a la idea de Oriente VS Occidente, aunque haya otros ejemplos más claros que el de esta película.

Estos temas los dejo caer e invito a quien quiera a que los desarrolle más, que dan para hacer un análisis igual o más largo que este.

Con esta entrada no quiero decir que todo esto sea una verdad absoluta, ni mucho menos. Nunca lo es cuando se habla de relaciones entre distintos medios y artes. Por eso espero impaciente a que alguien me demuestre lo equivocado que estoy en los comentarios, ya que es probable que una buena contraargumentación sea igual de interesante.

 

 

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